jueves, 18 de junio de 2009

Del lóbulo temporal y el ciclo del agua

El contacto de mi meñique al masajear mi adolorida nuca me lo dijo, tenía las orejas frías; suspiré como quejándome de tener que salir esa tarde en específico, habían pasado ya tres días en los cuales el calor había prevalecido como invadiendo terreno del invierno y tarde o temprano sabía yo que se iba a vengar, pero, ¿por qué hoy? Hoy que me quería quedar durmiendo hoy que se sentía "eso" en el aire, salí de mi casa y al colocarme mi suéter supe que sí, definitivamente "eso" estaba tan perceptible como la misma agua que iba a estar a punto de caer, un frío nacido en el esternón se expandió por las costillas y se liberó a través de mis brazos acompañado por una ventisca que me heló las piernas, pero únicamente de la rodilla hacia abajo y me di cuenta que siempre era de esa manera, de la rodilla hacia abajo; esa maldita ventisca no podía congelarte parejo.

Al alcanzar la manecilla de la portezuela se venció la poca permeabilidad que ofrecía mi suéter de tela lo que provocaría la percepción de una gota fría tres centímetros bajo mi hombro; ya dentro del refugio que me ofrecía el carro escuché el sonido arrullador de las gotas cayendo sobre el aluminio, el ronroneo del motor y del frío casi perfecto que hacía afuera, aquel que únicamente es perfecto cuando estás en tu cuarto con una taza de chocolate, tu poncho y un libro, o bien cualquier película pirata que si sale mala, no importa solo pagaste 10 pesos.

Hoy no quiero escuchar el radio, no quiero escuchar a Lady Gaga decir que él no puede leer su cara de póker, quiero escuchar a mi lóbulo temporal o al neocórtex si nos ponemos quisquillosos, así estaba lloviendo cuando estando en el colegio canté a todo pulmón el disco completo de Green Day, así llovía cuando hablaba con ella por teléfono, así llovía durante aquel partido que no pudimos ganar y que luego de una rueda de insultos solo nos vimos a la cara y pensamos "¿Qué pizados?" ¿Por qué ahora las tardes no son así? ¿Por qué ahora estoy varado en el periférico sudando de la ansiedad de salir de esa maldita cola? ¿Y por qué no estoy cantando, insultándome con mi mejor amigo o en mi cama leyendo cualquier babosada? Por "eso" es que no quería que fuera hoy asi, que hubiera preferido un calor desgraciado sólo hoy, ¡por "eso" es que debí a escuchar a esa prostituta elegante decirme que él (quien quiera que sea) no puede leer su maldita cara de póker!

Cuando la nostalgia se encontró con la ira salió algo interesante, una sonrisa; en cinco años cuando esten cayendo unos pijazos de agua querré poner Poker Face y recordarme de aquella tarde donde estaba en una gran cola frente a Novicentro, qué tiempos aquellos.

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