"No estará llegando, y si se cambió de sección?" fue lo primero que pense luego que hice un escrutinio detallado de cada cara enfrente de mi.
Vi mi reloj, diez minutos después de la hora, otro dia más de rutina, otra vez a aburrirme con el estruendo de mi propia voz tratando de transmitir mas ondas sonoras de lo que es capaz, suspiré, pero no de deseo sino de resignación. Tome el marcador rojo, negro, azul, no me acuerdo y no me importaba en ese momento, lentamente tome mis notas y camine hasta la esquina noroeste del pizarrón, vi como la sombra de un cuatro, un tres y lo que podrías ser un ocho se lucían como las cicatrices de guerra de la desgastada pizarra que aún con sus arrugas, sus "burbujas" que se han ido creando al deformarse la madera, me decía "bueno, vamos de nuevo" y es que si tuviera consciencia estoy seguro que no sentiría orgullo de mi caligrafía.
Resultó que el marcado era rojo, "es de mala educación escribir con rojo" me decía mi prima hace ya más de diez años, cuando le pregunté como alguién se podía ofender por eso me dijo, "es de mala educación" a pesar de lo detallista que soy, continué escribiendo el título del tema de hoy, diría lo mismo que dice el libro, no me metería a detalles, no tenía ganas de pensar; tres letras despues el sonido de la puerta me gritó "mirame" a forma de instinto lo hice, era ella, desvié la mirada para evitar que viera mi cara estúpida de felicidad. Rojo? por que fregados estoy escribiendo con rojo? como si mi letra pudiera darse el lujo de dejar por un lado la elegancia del negro y el efecto contrastante con el blanco de mi fiel pizarra.
Todo el pequeño aporte cultural que pudiera transmitir se me venía a la cabeza, toda frase que le habia aprendido a algún catedrático, a algún literato o incluso algún actor se venia en fila hacia mi mente. Terminé de hacer mis garabatos que para mí tenian sentido, baje la mirada hacia mi desgastado tenis y avancé al frente, de nuevo escuché el sonido de mi propia voz esforzandose por hacer más de lo que en veintitrés años había sido.
No estaba enamorado de ella, mi voz, pero si de los conceptos que describía, de lo mucho que el ingenio humano había llegado ser, de los números, de lo perfecto que es el unverso.
No recuerdo que frase corté, pero en el momento que me atreví a cruzar la mirada con la tuya, todo se fue, como si hubieras atrevasado con un haz mental mi cerebro en cuya fuga se habían ido los números, los garabatos, el ingenio humano, y solo quedaba el instinto. Fingí una llamada telefónica para encubrir mi repentino cese palabras.
Ella es un arma de dos filos, su mirada penetrante, sincera, intersada me estaba ganando la batalla, pero yo sabía que fuera de alli yo era nada, algún otro caliente que se aprovecha de su posición, y allí mientras sostenía mi celular en la oreja izquierda de frente hacia la puerta pensé ne la paradoja que me estaba consumiendo, "cómo me acerco sin que piense que soy uno más?, si para acercarme y decir "hola" necesariamente tengo que ser uno más. Mi llamada ficticia terminó.
Me levanté, ahora si estaba cansado de escuchar y desgastar mi propia voz, mi pecho se infló para dar aliento a alguna frase que me tragué cuando una mano con decoración "french" se alzó sobre las cabezas, un generalizado movimiento de cabeza de todos los presentes se centralizó sobre la mujer de cabello castaño que lanzó una pregunta, el educado movimiento ahora se posó sobre mi,, medio segundo después dije ocho palabras que juntas dicen absolutamente nada "si, lo que pasa con esto es que.." esto me sirvió para ganar segundos y salir de mi trance, con dificultad recordé la pregunta y formulé una respuesta que aunque cierta, fue ambigua. Su rostro reflejó que le costó digerir mi respuesta aunque al final se convenció a ella misma.
Cuando vi su rostro comprendí que mi figura llegaba hasta allí, decir cosas relacionadas a la industria textil y no sobre su ropa, aclamar y admirarla inteligencia de Newton, Pascal, Pitágoras, pero nunca directamente la de ella, admirar la belleza de los números y callarme todo y cada detalle acerca de la de ella.
Al despedir a todos conservé la esperanza que se quedara unos minutos más, tan solo unos minutos, me acerqué, un par de palabras después la besé empujando mis labios contra los de ella, ella haciendo lo propio desde el otro lado, un beso que sería de trinchera, que sería de secreto. "Esperame, no seas mala onda" un rezagado le decía a su amigo lo cual me sirvió para salir de mi trance y levantar la mirada recordando que ella era una de las primeras en irse, estaba soñando despierto, ella ni tan si quiera miró atrás al semi entusiasta hombre de vista cansada sosteniendo un marcador negro.
Supe que ese "Hola" jamás llegaría, que su "buenas tardes" "buen día", nunca llegaría a ser un informal y relajado "hola".
Baje por las gradas haciendo ruido exagerado con mis desgastados tenis para ver si así me sentía vivo, en el parqueo todavía la vi de lejos deseando no haberlo hecho, pasé a la par no esperando un saludo, sus cosas sobre el techo del auto mientras sacaba unos libros en la parte de atrás..fue alli cuando una palabra despertó autoconfianza,mi valor, mi autoestima, mi viveza, "Estravagario"
Me acerqué con firmeza, como cualquier tipo que sabe a lo que va, pero no era así, iba con firmeza como cordero disfrazado de lobo, y con seguridad dije "Confieso que he vivido" ante su susto dije "es el que le sigue a Estravagario, Pablo Neruda, lo estoy leyendo ahora" Sentí como el ligero peso extra de mi mochila me aseguraba que estaba diciendo la verdad, ella sonrió y dijo "Hola".
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