Me gusta el sabor de los elotes cocidos de doña Anita y el tercer semáforo en verde que pasás en la Reforma. Me gusta el impulso que te hace subirle volumen al radio y el montón de palomas que vuelan cerca del Calvario.
Me gusta ignorar la alarma del celular el fin de semana; el parqueo libre en el centro comercial a medio diciembre. Me gusta extender mi mano para agradecer la vía, y el mimo que te pide dinero en cambio de su fantasía.
Quiero ser para ti estas cosas sin sentido, porque a pesar de que nunca serán tu objetivo, ninguna de estas lo aparenta, pero te construirán una sonrisa sin que te des cuenta.

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